domingo, 17 de junio de 2012

LOS OTROS






Existen dos tipos de poetas.

Unos cuentan sílabas y versos.

Otros, en cambio,

cuentan penas y sonrisas

o las hojas que caen de aquel árbol en otoño.

Unos recitan en teatros repletos de eruditos

que esperan champán y canapés

tras la lectura.

Otros clavan sus poesías en el viento,

y sin hablar

le cuentan una historia a la muchacha

que acaba de sonrojarse

porque el joven tímido

hoy ha roto su silencio

y por fin ha dicho que la ama.

Algunos poetas venden libros

capaces de vivir contigo en el estante.

Otros, sin embargo,

pueden habitar siempre a tu lado,

a cambio de escucharlos un instante.




Existen dos tipos de poetas.

Los que se sientan y esperan que las palabras

vayan acudiendo a su escritorio.

Y los que, por más que corran,

la poesía no se va a detener hasta alcanzarlos.




Unos escriben de amor,

por sus honores.

Otros tiene el honor de ser

el amor sin condiciones.




Unos son noticia en diarios y revistas.

Otros se desviven para que su cuerpo

coincida simplemente con su sombra.

Unos son estudiados en escuelas y congresos.

Los otros, con humildad, estudian

la mejor manera para esperar la primavera.




Existen dos tipos de poetas.

Unos escogen los vocablos

que en sus recovecos guarda un diccionario,

los otros sólo eligen los atrevidos,

los que salen de él,

como volando.


Y de todos los poetas que existieron,

sin dudarlo,

yo me quedo con los otros.



Porque gracias a ellos pude decirte

aquella tarde que brillaba el sol,

mientras llovía,

que mi vida no era nada sin tu vida.

Y si dejabas de mirarme

me moría.

sábado, 16 de junio de 2012

VERTEDERO



Sólo fuiste para mi
un vertedero de sentimientos.
Allí depositaba cada noche
la felicidad, la angustia o el hastío
que desgastados                                                                    
me sobraron algún día.
Introducía
mi melancolía, mis penurias o mis sueños
carcomidos por el abandono
o por el mal uso
que hice de los mismos.
Y aquí estoy ahora,
malherido,
lleno de vacío
y vacío de todo
esquivando una luna que fue nuestra
hurgando con desesperación
en la basura.

miércoles, 23 de mayo de 2012


Deme cuarto y mitad

de un adjetivo.

Uno de esos que al pronunciarlo

ella se sonroje,

y la ponga en alerta

para seguir observando

entre mis bolsas.



Despiece también

unos cuantos verbos

de aquellos del rincón.

Si puede pártalos por la mitad.

El desamar déjelo en amar.

El aterrizar en rizar

y el desenvolver en un esperanzador volver.


A ver...

¿Qué mas quería?

A sí...

Pongame dos o tres raciones de nombres.

Si puede que sean femeninos,

hierven mucho mejor

cuando hay tormenta.


Creo que ya lo tengo todo.



Espere.



Añada también a mi compra

un par de lonchas de suspiros.

Y cortemelas finas

así cuando las mire al trasluz

veré una playa.



Ya esta todo.

No. No. No me lo envuelva.

Tengo que llevármelo así,

de lo contrario

no podría respirar.

lunes, 21 de mayo de 2012

LAS PIEDRECITAS


Tengo bien guardadas

tres piedrecitas.



Una me recuerda

que estoy en Tierra.

Que Tierra es mi madre

y he de cuidarla.

Pisarla con caricias.

Lavarle la carita

para que en los atardeceres

este muy bonita.



La otra piedra es dura.

Y esta la bailo de mano en mano.

La tiro,

la recojo,

la miro un rato.

Y después pienso

que siendo dura

yo hice con ella lo que quise.

Eso sí,

sin violencia,

con gran dulzura.

!Qué dura es la vida¡

dicen algunos.

Pero puedes manejarla

como te plazca.

Igual que yo mato a mi piedra

y luego hago que nazca.





La tercera piedra

ya es de emergencia.

Esa la guardo para tirarla

a tu ventana.

Que sepas que te espero.

Que estoy aquí abajo.

Que me muero por pasearme

agarrado de tu brazo.

VINILO


Algunos intentan rescatar su juventud

en viejas fotos.

En las que aparecen, por lo general,

con más pelo

y con más dientes.

Otros se acercan a aquel parque

donde oxidados duermen

los columpios

que un día fueron suyos.



Yo he encontrado un lugar idóneo

para almacenar por orden alfabético

mis recuerdos.



Sé que mi juventud quedo apresada

en el leve murmullo

de alguno de mis discos de vinilo.

En ese pequeño simulacro de llovizna

andan metidos

todos mis amores de tarde y de memoria.

Todos los minutos que me harte de vida

y todas las taquicardias

que anuncian la presencia

de un querer cercano.

El minúsculo murmullo del vinilo

compartió mi atardecer de varicela

y ese primer beso torpe y vergonzoso

que brotó en aquel banco de metal

que se esfumó

cuando acabó la primavera.



El susurro de mis discos de vinilo

me enseño a envejecer a 45 revoluciones por minuto.

Ahora, ya más relajado

a 33 revoluciones

lo recuerdo.



Observando todas las vueltas

que ha ido dando mi única vida

veo como el vinilo da las suyas

entonando aquella canción

que trae escondida.

Una melodía que se une a la perfección

al murmullo de mis discos de vinilo,

donde puedo oler

a goma de borrar,

a bocadillo de nocilla,

a katiuskas mojadas hasta dentro

y al perfume de los pechos

de la muchacha

que vivía allá en la esquina

y a veces se asomaba a la ventana.







El susurro de mis discos de vinilo                                    

es un confidente serio y mudo

y nunca desvelará mi juventud.

Él seguirá simulando por siempre

aquella lluvia

que me mojó cuando te amaba

sin poder decirme

a quién amabas tú.


viernes, 25 de noviembre de 2011

LA MUCHACHA


Nunca me di cuenta anteriormente.

Pero la muchacha en realidad

es muy hermosa.



Jamás me di cuenta

del blanco de sus ordenados dientes

tras su risa,

tal vez porque nunca sonreía.



A la muchacha no es que le gustara

deambular por la ciudad.

Es que no tenía  más remedio.



Hace tiempo, la muchacha

se asustaba si su sombra se movía.

Si un lejano claxon sonaba anunciando bienvenidas,

o si una paloma alzaba el vuelo.



Ahora la muchacha en estos casos

sigue caminando hacia el futuro.

Y si un claxon es el que la llama

ella, coqueta, alza el vuelo

como la paloma que antes la asustaba.





Hoy se ha dado cuenta

que sus ojos son azules

porque padre y madre

tenían los ojos claros.



Ya no son como hace un tiempo,

oscuros de rencor y de locura.

Impregnados de dolor  y de mil

culpas que nunca fueron.



Nunca me di cuenta anteriormente.

Pero la muchacha en realidad

es muy hermosa.



Y me encanta verla mirar escaparates

y cuando llueve, esquivar los charcos

que adornan la avenida.

Me gusta verla oler las flores frescas

que se unen a su auténtica y única frescura.



Y cuando cuenta los aleteos de una mariposa

y si el número de estos se aproxima,

más o menos, al que ella había pensado, se regala

un buen café en una terraza

donde la brisa, en estas fechas,

dibuja su tez lisa

y le recuerda que existe.


















La muchacha y yo coincidimos muchas veces.

Yo escribiendo versos.

Ella, en la mesa de al lado

 fotografiando la libertad a parpadeos.



Yo un día le conté

que soñaba ser poeta

y ella me recitó el trágico

poema de su vida.



¿ Puedo escribirte algo?-le pregunté

mientras la adolescencia viajaba

de regreso a su memoria.

Pues claro- respondió ella sonriente,

intentando adivinar el número de versos

que tendría su poema

para ganarse un café.

Sólo puso una condición

que en su poema

apareciera la palabra “ahora”.

Porque después de uno nombrarla

siempre comienza un futuro.



El futuro de la muchacha

comenzó después del portazo

que la separó para siempre de él.



Respecto a su poema. Acepté el trato.



Cuando me marchaba le pregunté su nombre, después de intercambiar nuestros números telefónicos.

Ella, la muchacha, dijo que su nombre un día se lo robaron y estaba intentando todavía recordarlo.

Quedé con ella para el día siguiente.

Mientras me alejaba sonó mi teléfono. Era ella, la muchacha.

Al principio me asusté recordando su duro pasado. Temiendo que le sucediera algo al no

tenerme a su lado intercambiando suspiros.

Me volví y la vi a lo lejos. Sonriendo.

Moviendo su brazo en una especie de aspavientos disfrazados de saludo.

Le devolví el saludo y por supuesto, la sonrisa

 y descolgué.



Esperanza, me llamo Esperanza.