El nombre que soñaba
por la noche,
a la mañana
siguiente lo escribía
en una enorme pared
frente a mi casa.
Por las tardes
pintaba el muro de blanco
y lo dejaba
preparado
para anotar al día
siguiente
el nuevo nombre
soñado.
Con los años he
dejado de pintar.
Con los años no he
dejado de soñar.





