domingo, 19 de diciembre de 2010

SED


En el vaso, rebosante, caía el sol por las esquinas. Tenía la oportunidad de beberme el sol, entero, y sin embargo permanecía allí sentado, frente al mantel de cuadros, el frutero (sepultura de dos peras maduras) y mi vaso lleno de sol.

No sé que me sucedía aquel día. Muchas veces, anteriores, había tenido una inmensa sed de sol. No sólo me hubiese bebido uno, mas bien hubiese acabado con todos los soles del universo. Pero esa tarde en concreto, no recordaba ni como era la sensación de tener sed. No recordaba la sensación de tener cualquier tipo de sed y mucho menos la sed de soles.

Podría haberme convertido en el primer humano que paseaba el astro rey por su paladar, saboreándolo.

Pero ya ves, aquella tarde, frente a mi transparente vaso lleno de sol, sólo tenía la mirada perdida en un universo inexistente y una pregunta en mi cabeza.

¿ Por qué hace ya tres días que no me llamas?

sábado, 18 de diciembre de 2010


Me gusta cuando te ríes de reojo.
Cuando deshechas carcajadas
y dosificas sólo para mí
tus alegrías.
Me gusta cuando la brisa te comparte
y reparte tu sonreír con todo el mundo.
Con la fuente de agua clara
y transparente,
con la estrella que de noche lanza un guiño,
y con el sauce
de la plaza que te acoge,
y que despúes de tu mueca
ya no llora.
Me gusta cuando te ríes de reojo
porque la tierra tiembla
de los nervios.
Las nubes tapan a un sol ruborizado
y las nubes comienzan a llorar
por no tenerte.
Me gusta cuando te ríes de reojo
sobre todo si en mi ciudad esta lloviendo,
entonces mi paraguas se hace un mundo
donde sólo habitamos
tú,
yo
y nuestros sueños.