jueves, 24 de enero de 2013

ES JODIDO SER POETA




Es muy jodido ser poeta.
Andar por un mundo
que nunca es el que se escribe.
Cuando tú la ves llorar
yo veo un río.
Cuando los humos inundan las ciudades
yo adivino fantasmas en el aire
intentando despojar de sus ropajes
a las chimeneas
y a las muchachas
que me invento.
Es muy jodido ser poeta.
Ir saltado a zancadas los valles y montañas.
Poder beber miradas.
Poder tocar el sol.
Poder decirle al cielo lo que él quiere
pero poder decirlo cuando quiera yo.
Es muy jodido ser poeta.
Saber que van a matarte cada día
y después de cada muerte
inventar una distinta manera de nacer.
Llevar una conversación normal con las gaviotas.
Enamorarte desde arriba, por la izquierda,
junto a un faro.
Es muy jodido ser poeta.
Fabricar obras de arte con verduras.
Cantar un rock junto a las sepulturas.
Hacer equilibrios sobre los cable de alta tensión
un día de lluvia.
Coger el tono exacto de un trueno
para poder unirte tú también
a la tormenta.
Y hacerle antes caso a un niño
que a un ministro
es muy jodido ser poeta.
Pero lo más jodido que tiene
es no saber como demostrar
que el mundo que no es el nuestro
no es el mundo de verdad.

jueves, 3 de enero de 2013

busco agente

BUSCO
AGENTE 
LITERARIO.

Si alguien conoce alguno
me encantaría que me lo comunicara.

GRACIAS

viernes, 30 de noviembre de 2012




Prefiero encender palabras
a encender velas.
Prefiero traerte besos
a traerte flores.
Prefiero reirte a llorarte,
hablarte a rezarte.
Prefiero sobre todo y ante todo,
mientras pueda,
vivirte.

sábado, 24 de noviembre de 2012

BOTELLA


Cuando comenzamos a vernos

me propuse

meter en una botella

una moneda

por cada beso que yo te diese.

Y extraer de la botella

dos monedas

por cada beso que me dieras tú.



¿Por qué tus besos valían el doble?



Pues para,

en caso de querer tener

un saldo positivo en mi botella,

aprender,

después de dejarte en el portal 59

a besarte en mi memoria,

en mis suspiros

y en cada uno de los pasos

que cada noche tras quererte

me traían de regreso

hasta mi alcoba.
 

RIOS


 
Si pudiésemos analizar

el rostro humano,

como al mapa

donde un cartógrafo

dibuja los ríos y afluentes,

encontraríamos tres cauces principales.



El primero

donde circulan

las gotas de una lluvia inesperada.

Este río

suele aparecer tras la presta carrera.

En los zaguanes.



El segundo

justo al lado de los ojos.

Un despilfarro de lágrimas

que aparecen

en las páginas principales

de una vida.



Y el tercero

en las comisuras de la boca.

Este suele tener

sabor cacao

y suele aparecer en nuestra infancia,

mientras tu madre arruga

un zigzagueante papel de magdalena

dándote prisa

para que no llegues tarde a la escuela.



 
Voy a tatuarme el nombre

de una mujer de mi pasado.

Será rápido.

Son pocas letras.

Además no quiero incrustarle

ni florituras ni colores.

Tengo la costumbre

de siempre que invoco al pasado

hacerlo en blanco y negro.

Sé que tuvo color en algún tiempo.

Fue verde como el árbol

que custodiaba mis abrazos.

Fue rojo como el corazón

que bombeaba a destajo

cuando entre ambos

sólo había un milímetro.

Fue naranja como aquel gajo

que compartíamos tú, yo

y un verano pegajoso y pasajero.



Pero el tiempo

nos ha ido destiñendo

y voy a tatuarme

tu nombre

en blanco y negro.



Dicen que debes de tatuarte

en un lugar algo escondido

para así poder guardarte

tú mismo

tus secretos.

Yo he decidido inyectarlo

en ese lugar

que más nos duele.



Así que esta noche

te dibujaré en mi vida,

para siempre,

y me tatuare, sin color

tu nombre en mi memoria.

viernes, 23 de noviembre de 2012

LLORÉ


 
Lloré cuando murió Gloria Fuertes.

Entonces yo tenia padre y madre

pero me quedé huérfano de poemas.

Volví a llorar cuando murió Mario Benedetti

y de él heredé

las ganas de luchar,

el no tener vergüenza al expresarme,

el ser como uno es,

sencillamente.

También lloré cuando sin decirme adiós

ella me negó sus holas para siempre.

Lloré porque al caer

unos guijarros se clavaron

en las rodillas de mi alma.



Lloré porque mi padre

nunca pudo sumergirse en mis palabras.

Por eso,

me gusta lanzar mis manuscritos

contra el cielo.

Creo que entonces él los hace suyos.

Después de su lectura los devuelve

y en mi estancia lo vuelvo oir hablar

entre susurros.