domingo, 9 de enero de 2011

PEQUEÑA FLOR


Pequeña flor inmaculada

que busca el cielo raso de la vida.

Pequeña flor

Que tal vez el viento luego azote

después de haberle causado a la tierra

leve herida.

Pequeña flor de color vivo

parada obligatoria de una abeja

que viene

se alimenta

y se aleja.

Pequeña flor que habita en el olimpo de los dioses,

o en el florero de agua sucia

de la lápida.

después de oír los llantos

de la gente.

La buena gente que aún llora los adioses.

Flor, quizá, pisoteada

o flor en un camino gris, allá en olvido.

O tan sólo flor en mi memoria

que vivirás tus días

sin pena ni gloria.

Pequeña flor

aquí te dejo

para que cumplas sólo tu destino.

Ser modelo del lienzo

que una pared blanca engalana

o ser la protagonista de un poema,

que resguardado de la lluvia,

escribí un martes

bien entrada la mañana.

sábado, 8 de enero de 2011

V I D A


Sentir. Sufrir. Sentir. Volar.

Sentir. Corazón. Besar. Llorar.

Llorar. Reír. Llorar. Risa.

Risa. Beso. Caricia. Beso. Sonrisa.

Entrar. Salir. Entrar. Beso.

Amar. Amor. Caricia. Soñar.

Quiero. Quieres. Querer. Volar.

Verde. Llanto. Amor. Nacer.

Venir. Llorar. Madre.

Caricia. Risa. Llanto. Crecer.

Amor. Amar. Caricia. Soñar.

Crecer. Leer. Pintar. Hablar.

Papá. Mamá. Jugar. Vivir.

Sol. Luna. Verde. Azul .rojo.

Aprender. Hablar. Escuchar. Vivir.

Pelota. Cuna. Cama. Bicicleta.

Caer. Alzar. Caer. Andar.

Melchor. Gaspar. Soñar. Baltasar.

Noche. Ilusión. Nervios. Crecer.

Vivir. Vivir. Vivir. Vida.

Niño. Niña. Mano. Caricia.

Joven. Joven. Abrazo. Sentir. Beso. Vivir.

Beso. Llanto. Risa. Llanto.

Crecer. Vivir. Soñar. Corazón.

Palpitar. Tic. Tic. Reloj.

Palpitar. Pum. Pum. Tiempo.

Palpitar. Besar. Rapidez. Vida. Sentir.

Amor. Amar. Caricia. Beso.

Trabajo. Hogar. Tiempo. Reloj. Pasar.

Cama. Bastón. Corazón. Amor. Vivir.

Ojos. Cerrar. Marchar.

Llanto. Olvido. Amar. Caricia.

Aire. Sol. Luna. Cielo.

Morir.

Adiós.

Morir.

jueves, 6 de enero de 2011

MuLtiTuD


Me mezclé con la gente. Con la multitud. Intercalé mi presencia con la de la quinceañera que sonríe con el móvil en la oreja. Intercalé mi presencia con los pasos apresurados del trajeado hombre del maletín y el lento caminar de la entrañable viejecilla conductora de un repleto carro de la compra. Me mezclé con los comunes itinerarios lineales y con algunos zigzagueantes de los que traen prisa.

Muchísima gente. Cada uno con su historia. Con sus pesares y sus alegrías. Con sus gustos y sus disgustos. Cada cual tarareando en su cerebro una canción diferente, o tal vez la misma pero versionada de distinta manera.

Nadie sabe nada de nadie.

Todos creen algo de todos, pero las creencias ya no tienen valor administrativo.

La decepción de la muchacha abandonada por su novio, yo la interpreto como un cabreo pasajero por un despido improcedente.

La mujer que creo que lleva un ramo para su difunto esposo, es sólo una dama a la que encanta el matrimonio entre rosas y lirios en un bonito jarrón de la cocina.

El vendedor de cupones acaba de vender el premio gordo, justamente el número que creí que nunca podría salir.

Todo, absolutamente todo, en la multitud es engañoso.

Todos piensan algo de todos, aunque en sus cruces no se dediquen ni, tan siquiera, una simple mirada.

Sé que nadie habla ni piensa nada sobre mi, por lo menos desde aquel día.

El día que cuando, recién levantado, me dispuse a lavarme la cara y no había nadie al otro lado del espejo.

martes, 4 de enero de 2011

ExPoSiCiÓn


Colgaré de la pared

mis sentimientos.

En aquel clavo,

por ejemplo,

está mi mano.

Una mano que regala, aplaude,

y acaricia un pincel rojo

pero sin sangre.

En aquella otra pared

cuelgo mi tiempo.

El día que tardé en marcar un trazo,

o el trazo que marqué un día en la tarde.

También colgaré,

sin que lo veas,

las palabras que le dije al lienzo virgen.

Y guardaré en mis entrañas

los lamentos que ese lienzo me contaba.

Y cada cuadro que mire fijamente

me traerá un perfume diferente.

A una noche fría y solitaria...

A una mañana de sol en la buhardilla...

O simplemente,

a un pasar por allí y allí quedarme.

Si ves mis momentos ahorcados

en algún clavo

de una pared cualquiera,

piensa que un momento de mi vida

va con ellos,

y ahí mi vida quedará

cuando yo muera.

PALABRAS


Cada vez que abro un libro, las palabras que necesito salen volando de sus hojas, como palomas asustadas por las pisadas del caminante apresurado.

No salen todas. Ni mucho menos. Alzan vuelo sólo las más atrevidas y las que se hartaron de tanto cautiverio.

Luego revolotean a mi alrededor. Algunas precisan mis caricias. Otras, sin embargo, vagan por la oscuridad de mi azul estancia.

Van de aquí para allá, mientras el libro, poco a poco, se va quedando huérfano de palabras.

Yo las voy atrapando y con ellas hago frases o versos, según mi predisposición o

ánimo en ese instante.

Igual puedo escribir de día, “Esta semana le toca la escalera”, y después por la noche, ya cansado, ordenar sólo tres cortos vocablos para formar un urgente y necesario, “Aún te quiero”.